en este mundo sin rostro las palabras son la huella, el gesto, la mirada. cuerpos y almas insinúan, pretenden encantan, atrapados en el plano mundo de una pantalla. un cambio de imagen, una parcial muestra del rostro real, intencional, sutilmente persigue un atisbo, en esa huella de palabras que gota a gota se ha depositado entre un espacio y otro. y que si se juntan los individuales universos tienen el valor ínfimo, insustancial de una pantalla en la oscuridad de una noche...
en un monótono y absurdo tic tac las horas van cercenando el pasado, y empujando el tiempo que vendrá.
y estos ojos apagados de sombras solo ven llorar a la lluvia, sin poder estrechar en ti ese lugar común amarillento, devastado… si hasta las golondrinas tocan su música de tormentas.
me pierdo en la implacable resonancia de las cosas. mi sangre tiene fatiga de tempestad, y este nombre robado se parece a mi cuerpo, y traza tu nombre en todos los sentidos, como una equinoxial floresta.
pero algo le pasa al viento, porque parece ir siempre envuelto en ráfagas de noche, y en la nuca me respira una enorme luna de melancolía...
mucho después de mi boca, mis ojos aun ríen, o lloran.
algunas veces quisiera ser como las aguas que ocupan todo su cuerpo al danzar.
pero otras, tu rostro concentra toda mi mirada, en una película de sueños imprecisos.
cuando en tu piel descubrí mi piel, su savia, y sus poros ignorados, inmersos en tus ojos, mis ojos, se limpiaron de la ceguera, de la ausencia de todo, de ese agujero en la nada.